Durante muchos siglos los espacios naturales existían en los lugares de curación, y la medicina oficial, hasta apenas hace 60 años, prescribía naturaleza, baños de sol, y respirar aire limpio como parte de los tratamientos.
Nuestra historia lo muestra en sus registros, podemos ver como hace ya muchos siglos que los hospitales disponían de jardines como parte fundamental de sus instalaciones.
La historia de los jardines hospitalarios
En realidad, la historia de los jardines en hospitales es muy extensa, pero se vio detenida de golpe cuando llegó la industrialización, y en ese momento nos volvimos locos por el cemento y el hormigón.
Las ciudades se llenaron de bloques de edificios y nos desvinculamos de forma brutal con la naturaleza, y con todos sus beneficios reparadores tanto físicos como mentales.
Los jardines en la Grecia antigua
Uno de los primeros espacios conocido como Jardín Terapéutico en la historia se ubicó en el templo de Asclepio en Epidauro, que se construyó en el siglo VI a.c. Contaba con un paisaje forestal natural, y sus vistas eran abiertas.
Ya por aquel entonces en la Grecia Clásica sabían valorar los efectos de la naturaleza y contaban con los beneficios de un jardín terapéutico que les ayudaba a sanar y conectarse con lo natural.

Jardines medicinales en la Edad Media
Durante los siglos medievales se ha documentado la existencia de hospicios monásticos que contaban con grandes jardines.
Tenemos que mencionar aquí a Hildegard Von Bignen, una médico alemana que tuvo una enorme relevancia a la hora de incentivar la existencia de este tipo de jardines curativos en las instituciones sanitarias, alegando su capacidad de ayudar en la sanación de los pacientes.
Ya en la Edad Media, las personas eran muy conscientes del efecto reparador y curativo que tenía pasear por estos jardines, rodeados de naturaleza y vegetación, y descansar en esos claustros de monasterios con vistas a estos jardines terapéuticos.
Así que como ves la existencia de jardines terapéuticos en hospitales no es una idea de nuestro tiempo, sino que tiene muchos siglos de historia. Así lo documentó también San Bernardo haciendo referencia a los pacientes en su Hospice de Clairvaux, donde ya explica cómo la presencia de estos jardines ayuda a la salud de los pacientes, estimulando además sus 5 sentidos.

Jardines curativos en el Siglo XVII
Christian Cay Lorenz, teórico de horticultura de origen alemán, dejó una serie de recomendaciones para el diseño de jardines. En ellas detallaba cómo el jardín debía estar conectado de forma directa con el hospital, y disponer de bellas vistas desde la ventana.
Gracias a las escenas felices y florecientes que el paciente podrá observar desde su ventana, así podrá verse revitalizado también en su salud.
Según Lorenz, las plantas de un jardín curativo en su siglo deberán serpentear a lo largo de caminos secos, ofreciendo bancos para sentarse y descansar.
Los espacios deberán estar llenos de hermosos jardines y coloridas flores, con ruidosos arroyos que los atraviesen. El jardín de un hospital en aquellos tiempos debería tener ya todo lo necesario para disfrutar de la naturaleza y promover una vida saludable entre sus pacientes.

Las reformas hospitalarias en el siglo XIX
Seguimos con nuestro repaso de la historia de los jardines en hospitales y llegamos hasta el siglo XIX, un siglo en el que surgieron muchas novedades. A lo largo del siglo XIX, surgen los sanatorios para tratar la tuberculosis. En algunos de estos hospitales las camas ya tenían ruedas, que les permitían salir a balcones y terrazas habilitadas para que los enfermos pudieran tomar el sol y respirar aire puro, al mismo tiempo que disfrutar de unas vistas de naturaleza.
En esta misma época podemos mencionar las instituciones de enfermedades mentales, que hacen uso de los espacios exteriores e incluso los incorporan a sus terapias diarias. Se impulsaron actividades como la agricultura, la jardinería, lo que permitía ocupar a sus pacientes en labores que les conectara de forma activa con el medio natural. Nada que ver con lo que hoy nos muestran en las películas de época.

El siglo XX. La enorme deshumanización de las instituciones sanitarias
Si hubiera que ubicar cronológicamente el mayor retroceso en cuanto a la humanización en hospitales a través de la naturaleza y de la presencia de jardines curativos, esta época sería sin duda el siglo XX.
Tras la enorme expansión de la Revolución Industrial y las dos guerras mundiales, los jardines se volvieron mucho más escasos y comenzó a prevalecer el asfalto por encima de todo, sin tener en cuenta la necesidad de conexión de los pacientes con la naturaleza.

Durante esos años nos olvidamos de mantener el vínculo natural de la biofilia, y los hospitales se centraron principalmente en crear edificios eficientes y racionales que permitieran la aplicación de toda la nueva tecnología que se estaba desarrollando.
Los hospitales pasaron a estar al servicio de la ciencia, y sus espacios verdes y naturales fueron sustituidos por estacionamientos para vehículos. Con el tiempo, hemos sido cada vez más conscientes de cómo estos edificios nos resultan muy estresantes y por tanto inadecuados para favorecer nuestra curación o rehabilitación en un proceso de enfermedad.
Estos hospitales creados bajo el planteamiento de la pura racionalidad, no solamente son poco apropiados para los pacientes, sino que se ha demostrado que no ayudan en absoluto a la estancia de familiares y acompañantes, ni al propio personal del hospital. Estos edificios son circuitos cerrados, donde no hay ventilación natural, donde no entra el sol, donde crecen y se multiplican las llamadas bacterias hospitalarias. Son la completa desconexión con nuestro entorno natural, y obviamente son un templo dedicado a la nueva fe de la filosofía materialista que rige esta época, en la que toda la sanación se vincula únicamente a la tecnología clínica y farmacológica.
Renacimiento de la conexión de hospital y naturaleza
A partir de la década de los 90 del pasado siglo, cuando parecía que todo estaba perdido respecto a la humanización en hospitales, el investigador estadounidense Robert Ulrich provocó un renacimiento en el movimiento de los jardines en hospitales.
Sus investigaciones demostraron que los pacientes que contaban con vistas a un jardín lleno de vegetación, se recuperaban mucho más rápido después de una cirugía, e incluso necesitaban menor cantidad de analgésicos que aquellos que tenían una pared sin vistas al exterior.
Actualmente ya se sabe también confirmado por estudios científicos, que los niveles de estrés y los factores psicosociales afectan de forma negativa a los análisis de salud física.

A finales del siglo XIX y primeras décadas del XX, existían los sanatorios, en España, situados en el campo, en los bosques, al lado del mar y en las montañas, y a estos se derivaban los pacientes con largas enfermedades para restaurarse en el contacto con la naturaleza. Queremos recuperar de sus ruinas estos centros, y lograr que los actuales hospitales se vayan transformando poco a poco en lugares más humanos, pasando de su raíz etimológica actual; «Hospitalis» <, que deriva de casa de huéspedes, a ser un «Sanatorius», un lugar que sana. Las palabras son importantes, porque cada nombre tiene un significado y una vibración propia.
Desde la Escuela de Terapias Forestales de Asturias, trabajamos para tratar de revertir la tendencia de esta nueva medicina, y diseñamos proyectos para tratar de acercar la naturaleza a los hospitales, Nuestro proyecto, Natur Sanatorium, se centra en generar ideas y soluciones para hacer más humanos los hospitales, con medidas de sensibilización e información para los responsables y personal sanitario, y con el diseño de jardines hospitalarios y actividades de conexión a la naturaleza para los pacientes.
La naturaleza ayuda a sanar, esto es sabido desde tiempos pretéritos, y los baños de bosque son un método barato, sencillo y eficaz para reconectar con la naturaleza e iniciar un camino de vida más saludable.
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